La bella y la bestia

miércoles, 23 de julio de 2008


Érase una vez, en un país lejano, un joven príncipe que vivía en un resplandeciente castillo. A pesar de tener todo lo que podía desear, el príncipe era egoísta, déspota y consentido. Pero una noche de invierno llego al castillo una anciana mendiga, y le ofreció una simple rosa a cambio de cobijarse del horrible frío. Repugnado por su desagradable aspecto, el príncipe despreció el regalo y expulsó de allí a la anciana, pero ella le advirtió que no se dejara engañar por las apariencias porque la belleza se encuentra en el interior. Y cuando volvió a rechazarla la fealdad de la anciana desapareció, dando paso a una bellísima hechicera. El príncipe trató de disculparse, pero era demasiado tarde, pues ella ya había visto que en su corazón no había amor. Y como castigo lo transformó en una horrible bestia y lanzo un poderoso hechizo sobre el castillo y sobre todos los que allí vivían. Avergonzado por su aspecto, el monstruo se encerró en el interior de su castillo, con un espejo mágico como única ventana al mundo exterior. La rosa que ella le había ofrecido era en realidad una rosa encantada, que seguiría fresca hasta que el cumpliera veintiún años. Sí era capaz de aprender a amar a una mujer y ganarse a cambio su amor antes de que cayera el ultimo pétalo, entonces se desharía el hechizo. Sí no, permanecería condenado a seguir siendo una bestia, para siempre. Al pasar los años comenzó a impacientarse y perdió toda esperanza, pues ¿quién iba a ser capaz de amar a una bestia?...


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SuSuRRoS aL aiRe

[[ Me dejé llevar por ti. Por la pasión de tus ojos, la sensualidad de tu cintura y esos cantos de sirena que entonaste sin palabras.
Imaginé una hora infinita de complicidad y risas entre gemidos de deseo. Descubrí sobre tus labios el sabor de la noche explotando mis sentidos, drogándome de la locura que proporciona tu sensación de libertad.
Atrapada en tu compás yo también me sentí libre, capaz de sucumbir a tu placer hipnótico y desafiante.
Quise seguir tus huellas más allá de los rincones que cubren las sombras, allí donde renace el sentido bohemio y seductor de las estrellas. Un paso tras otro me precipitaste al vació sin siquiera preguntar antes de entrar.
Me olvide por completo del cómo, el dónde, el cuándo y sobre todo el por qué. Todo careció de sentido y era eso el sentido en si mismo de lo poco que cabía en esa habitación. Entre tu y yo sobraba el aire, y el espacio quiso definirse como la distancia que nos separaba un beso tras otro.
Por un segundo no deseé nada mas que lo que me ofrecías, néctares de ensueño con sabor a tequila y sal... ]]